El ser humano

Hace poco escuché una prédica muy extraña teniendo en cuenta que viene de una persona que se denomina a si misma “siervo de Dios”, “pastor”, “bautista” y otros similares. Extraña no por la forma, ni por el método ya que la verdad,  como discurso, estaba correctamente estructurado y el mensaje se entendía con mucha claridad. Extraña era por la doctrina que procuraba enseñar a la iglesia.

Aunque los puntos que expuso ofrecen mucha tela para cortar, solo me dedicaré a analizar, desde el punto de vista de la doctrina apostólica, la base sobre la cual partió su exposición: la grandeza potencial e inherente de los seres humanos.

Examinemos por un momento que dicen los apóstoles sobre el ser humano, para así entender como Dios nos ve.

El apóstol Mateo nos enseña que Jesús declaró al enseñar a la multitud (incluidos ellos y nosotros también como veremos): Pues si vosotros, siendo malos… (Mateo 7:11) – Somos malos.

El apóstol Pablo dice explícitamente y sin rodeos: todos pecaron… (Romanos 3:23) – Todos hemos pecado (quizás por eso somos malos…)

El apóstol Pedro, citando la Escritura Antigua nos recuerda cuan grande es el hombre: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae;  – La gloria del hombre es pequeña, temporal y perecedera.

Estos (y muchos otros) versos de la Sagrada Escritura nos muestran un panorama mas bien sombrío sobre el ser humano. El apóstol Pablo declara que esta maldad (que se traduce en la incapacidad de hacer el bien manifestada por las malas obras) no es solamente acusada en los judíos, sino también a todos los no judíos. Observemos la severa acusación del apóstol a los no judíos en Romanos 1:28-32:

 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Y luego dice sobre los judíos en Romanos 3:10-19 (citando el Antiguo Testamento):

No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley (los judíos)

A más de esto, declara enfáticamente en Romanos 3:9:

ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.

Esta es una doctrina apostólica, una verdad que viene de Dios mismo y que nos desnuda en nuestra arrogancia: el ser humano es perverso, aun sus buenas obras están manchadas de pecado por eso atestigua el profeta en Isaías 64:6:

Todos nosotros somos como un hombre impuro;
todas nuestras buenas obras son como un trapo sucio;
todos hemos caído como hojas marchitas,
y nuestros crímenes nos arrastran como el viento.

Enseñar lo contrario es ir contra la verdad. Enseñar lo contrario es enseñar las doctrinas de los humanistas.

El Hombre
Imagen usada generalmente parar ilustrar la exaltación de la virtud humana por todas las enseñanzas humanistas.

Yo sé que muchos pastores, predicadores y hermanos hablan generalmente desde su ignorancia, sin mala intención. Pero no debemos olvidar aquella antigua amonestación escrita por Santiago:

Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros , sabiendo que recibiremos un juicio más severo. Santiago 3:1

Por eso hay que estudiar las Escrituras, asegurarnos a nosotros mismos que estamos enseñando la Verdad y no doctrinas que vienen de los hombres y que satisfacen sus oídos. No debemos detenernos en este esfuerzo.

En conclusión

El humano es perverso desde su nacimiento, si no alcanza el climax de la maldad es porque Dios mismo refrena la maldad del ser humano. Los seres humanos no nacieron para cosas grandes ni gloriosas (como enseña este pobre predicador), sino para manifestar la misericordia de Dios en Jesucristo en los que creen el Evangelio o para manifestar su perfecta justicia al condenando a los impíos. El ser humano no existe en función de sí mismo, sino en función del propósito de Dios. La gloria no es nuestra, sino que le pertenece a Dios. Participemos de esa gloria divina mediante el arrepentimiento de las malas obras y la fe en Jesucristo, con humildad y agradecimiento, no olvidando que

… de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén. (Romanos 11:36)

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Edificados sobre …

Mentes con candados

…el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo… (2 Cor. 4:4)

No recuerdo de donde la saqué, la escuché o leí; pero ahí estaba. Y provenía de un pensamiento lineal, simplista y reduccionista en todo sentido. Pero yo sé que no era mía, sino que provenía de ese tsunami de pseudoprofecía sobre el que se construye la teología pentecostal y justifica de manera muy funcional las doctrinas del movimiento pentecostal. Es esa idea que dice algo así: “la iglesia se fundó en Pentecostés, en ese entonces comenzó la iglesia primitiva, luego murieron los apóstoles y vino una época de oscuridad en la iglesia, llena de herejes, apóstatas y religiosos fariseos de todas las calañas. Pero a principios del siglo XX sucedió un milagro, el Espíritu Santo se derramó nuevamente, en un nuevo Pentecostés, renovando a la iglesia y anunciando así la cosecha del final de los tiempos”.

Esta idea terrible era, en realidad, un cerrojo mental. Algo que impedía indagar dentro de ese “oscuro mundo del cristianismo religioso y fariseo” del que por fin, gracias a la insistente oración de algunos fieles, habíamos salido. Sin embargo el mundo “pre-pentecostal” no era ese mundo tenebroso y frío que me habían enseñado a temer, sino por el contrario, era un mundo lleno de llamas incandescentes que irradiaban la verdad absoluta del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Aventurándose…

Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! (Lucas 24:25)

Mas de cuatro años habían pasado desde que abandoné las actividades en la congregación a la que asistía, es más, ni asistía. Creía que Dios me había desechado, que estaba librado a mi suerte y que ya no tenía salvación ni chance alguna, pues le había fallado en todo. Lo sentía profundamente. Los últimos años (antes de abandonar) habían sido de mucho desgaste causado por el típico activismo frenético de las congregaciones pentecostales sumado a diversos fracasos personales. Sin embargo algo sucedió mientras me encontraba cómodamente mirando vídeos musicales en la plataforma YouTube, una extraña sugerencia al costado del monitor: el vídeo de un predicador. Pero mas extraño aun fue hacer clic en ese vídeo. Lo que pasó a continuación fue la experiencia mas extraordinaria, una revolución en mi interior, era como un fuego en el pecho, solo comparable a aquella experiencia que tuvieron los dos discípulos en el camino a Emaús cuando escuchaban a Jesús “abriendo las Escrituras”.

A partir de ese momento las cosas comenzaron a cambiar paulatinamente, y de la mano de este “pastor virtual” y comencé a descubrir un importante número de hermanos, que vivieron desde los tiempos de los apóstoles hasta nuestros días, que creían un Evangelio que yo conocía de a retazos sin poder armar una imagen clara, concisa y útil (lo cual es igual a desconocer). Descubrí que antes de los pentecostales existían cristianos, hermanos valientes (muchos de ellos mártires) que hablaron la Verdad que proviene de Dios y esa Verdad destruía muchas de mis verdades “evangélicas y pentecostales”.  Mi entendimiento fue abierto y pude creer de forma cabal las palabras de los profetas y los apóstoles, ellos son la “raiz”,  y también “el fundamento” que se apoya en Jesucristo la Piedra Angular.

Fundamentos

Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. (1 Cor. 3:11)

Edificación antigua
Edificación antigua

Te consideras cristiano? Que es lo que crees? Cual es tu fe? Estas son preguntas fundamentales y son preguntas que me hice de forma íntima y personal.

Cuando descubrí que muchas de mis creencias básicas acerca de la salvación, la fe y la vida cristiana colisionaban de frente contra la enseñanza de creyentes como Spurgeon, Lutero, Calvino, Agustín, Ireneo, Policarpo y muchos otros tuve que tomar una decisión dura. Sin embargo la cuestión era clara: existía un hilo conductor a través de los siglos y el movimiento pentecostal lo descartaba como doctrina de hombres para colocar sus propias interpretaciones y doctrinas supuestamente inspiradas por el Espíritu Santo. Como podía estar seguro de que mi nuevo entendimiento acerca del Evangelio era acertado? Pues bien, los apóstoles (como el mismo apóstol Pablo menciona en sus cartas) instituyeron hermanos dignos de confianza como obispos de las iglesias. El obispo designado debía ser “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada” (Tito 1:9) entre otras cosas, pero es este punto el que interesa ahora, porque si creemos que el Espíritu Santo junto a los apóstoles designados por nuestro Señor Jesucristo administraban la iglesia debemos tener fe en que escogieron a los mas idóneos para retener la enseñanza verdadera y dirigir las iglesias luego de su partida. Personalmente creo que considerar la interpretación del evangelio que ellos hacen en sus cartas (sin considerar sus palabras como divinamente inspiradas) debe ser un seguro faro para interpretar correctamente la Escritura y conocer así el Evangelio.

Llegados a este punto creo que uno debe considerar la siguiente pregunta: creo en el Evangelio original o creo un evangelio moderno? Todos edificamos nuestra fe sobre un fundamento, pero cual fundamento? El fundamento cuyo cimiento es el mismo Señor Jesucristo o un cimiento nuevo que desprecia todo lo que fue anterior? Recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. (Romanos 11:18)

Si los apóstoles tuvieran misterios escondidos para comunicarlos secreta y exclusivamente a los iniciados o perfectos, se los hubieran comunicado ante todo a los obispos, a los que encomendaban las mismas iglesias, ya que querían que fuesen muy perfectos e irreprensibles en todas las cosas aquellos que dejaban por sucesores suyos.

Ireneo  discípulo de Policarpo, discípulo del apóstol Juan, discípulo del Señor Jesucristo.