Edificados sobre …

Mentes con candados

…el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo… (2 Cor. 4:4)

No recuerdo de donde la saqué, la escuché o leí; pero ahí estaba. Y provenía de un pensamiento lineal, simplista y reduccionista en todo sentido. Pero yo sé que no era mía, sino que provenía de ese tsunami de pseudoprofecía sobre el que se construye la teología pentecostal y justifica de manera muy funcional las doctrinas del movimiento pentecostal. Es esa idea que dice algo así: “la iglesia se fundó en Pentecostés, en ese entonces comenzó la iglesia primitiva, luego murieron los apóstoles y vino una época de oscuridad en la iglesia, llena de herejes, apóstatas y religiosos fariseos de todas las calañas. Pero a principios del siglo XX sucedió un milagro, el Espíritu Santo se derramó nuevamente, en un nuevo Pentecostés, renovando a la iglesia y anunciando así la cosecha del final de los tiempos”.

Esta idea terrible era, en realidad, un cerrojo mental. Algo que impedía indagar dentro de ese “oscuro mundo del cristianismo religioso y fariseo” del que por fin, gracias a la insistente oración de algunos fieles, habíamos salido. Sin embargo el mundo “pre-pentecostal” no era ese mundo tenebroso y frío que me habían enseñado a temer, sino por el contrario, era un mundo lleno de llamas incandescentes que irradiaban la verdad absoluta del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Aventurándose…

Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! (Lucas 24:25)

Mas de cuatro años habían pasado desde que abandoné las actividades en la congregación a la que asistía, es más, ni asistía. Creía que Dios me había desechado, que estaba librado a mi suerte y que ya no tenía salvación ni chance alguna, pues le había fallado en todo. Lo sentía profundamente. Los últimos años (antes de abandonar) habían sido de mucho desgaste causado por el típico activismo frenético de las congregaciones pentecostales sumado a diversos fracasos personales. Sin embargo algo sucedió mientras me encontraba cómodamente mirando vídeos musicales en la plataforma YouTube, una extraña sugerencia al costado del monitor: el vídeo de un predicador. Pero mas extraño aun fue hacer clic en ese vídeo. Lo que pasó a continuación fue la experiencia mas extraordinaria, una revolución en mi interior, era como un fuego en el pecho, solo comparable a aquella experiencia que tuvieron los dos discípulos en el camino a Emaús cuando escuchaban a Jesús “abriendo las Escrituras”.

A partir de ese momento las cosas comenzaron a cambiar paulatinamente, y de la mano de este “pastor virtual” y comencé a descubrir un importante número de hermanos, que vivieron desde los tiempos de los apóstoles hasta nuestros días, que creían un Evangelio que yo conocía de a retazos sin poder armar una imagen clara, concisa y útil (lo cual es igual a desconocer). Descubrí que antes de los pentecostales existían cristianos, hermanos valientes (muchos de ellos mártires) que hablaron la Verdad que proviene de Dios y esa Verdad destruía muchas de mis verdades “evangélicas y pentecostales”.  Mi entendimiento fue abierto y pude creer de forma cabal las palabras de los profetas y los apóstoles, ellos son la “raiz”,  y también “el fundamento” que se apoya en Jesucristo la Piedra Angular.

Fundamentos

Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. (1 Cor. 3:11)

Edificación antigua
Edificación antigua

Te consideras cristiano? Que es lo que crees? Cual es tu fe? Estas son preguntas fundamentales y son preguntas que me hice de forma íntima y personal.

Cuando descubrí que muchas de mis creencias básicas acerca de la salvación, la fe y la vida cristiana colisionaban de frente contra la enseñanza de creyentes como Spurgeon, Lutero, Calvino, Agustín, Ireneo, Policarpo y muchos otros tuve que tomar una decisión dura. Sin embargo la cuestión era clara: existía un hilo conductor a través de los siglos y el movimiento pentecostal lo descartaba como doctrina de hombres para colocar sus propias interpretaciones y doctrinas supuestamente inspiradas por el Espíritu Santo. Como podía estar seguro de que mi nuevo entendimiento acerca del Evangelio era acertado? Pues bien, los apóstoles (como el mismo apóstol Pablo menciona en sus cartas) instituyeron hermanos dignos de confianza como obispos de las iglesias. El obispo designado debía ser “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada” (Tito 1:9) entre otras cosas, pero es este punto el que interesa ahora, porque si creemos que el Espíritu Santo junto a los apóstoles designados por nuestro Señor Jesucristo administraban la iglesia debemos tener fe en que escogieron a los mas idóneos para retener la enseñanza verdadera y dirigir las iglesias luego de su partida. Personalmente creo que considerar la interpretación del evangelio que ellos hacen en sus cartas (sin considerar sus palabras como divinamente inspiradas) debe ser un seguro faro para interpretar correctamente la Escritura y conocer así el Evangelio.

Llegados a este punto creo que uno debe considerar la siguiente pregunta: creo en el Evangelio original o creo un evangelio moderno? Todos edificamos nuestra fe sobre un fundamento, pero cual fundamento? El fundamento cuyo cimiento es el mismo Señor Jesucristo o un cimiento nuevo que desprecia todo lo que fue anterior? Recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. (Romanos 11:18)

Si los apóstoles tuvieran misterios escondidos para comunicarlos secreta y exclusivamente a los iniciados o perfectos, se los hubieran comunicado ante todo a los obispos, a los que encomendaban las mismas iglesias, ya que querían que fuesen muy perfectos e irreprensibles en todas las cosas aquellos que dejaban por sucesores suyos.

Ireneo  discípulo de Policarpo, discípulo del apóstol Juan, discípulo del Señor Jesucristo.

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